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La monotonía sexual es uno de los mayores peligros para las parejas estables. La primera etapa de la relación, aquella en la que los encuentros sexuales y la pasión estaban asegurados, se transforma, al cabo de los cinco o seis años, en una rutina que puede alcanzar lo insípido. Y entonces somos testigos atónitos del desastre de nuestra propia vida sexual.
Aunque este fenómeno no afecta únicamente al ámbito de la sexualidad, es aquí donde cuesta más trabajo aceptar la situación: las mismas posiciones, los mismos lugares, el mismo tiempo de duración… Todo es predecible y aburrido. Se cambia una apasionante noche con velas por una dosis más de televisión; una mañana de domingo bañada de caricias por una jornada de bricolaje. Pero no todo es negativo. Hay rutinas beneficiosas: las que aportan intimidad, confianza y conocimiento. Los rituales ayudan a mejorar la vida sexual porque conocemos al dedillo nuestro cuerpo y también el de nuestra pareja.

ADIÓS AL DESEO

Cuando la rutina conlleva aburrimiento y monotonía, aunque haya amor, la actividad erótica pierde fuerza y disminuye el placer y el deseo sexual. Este fenómeno no surge por generación espontánea. Se trata de un proceso gradual, en el que los medios de comunicación influyen significativamente. La televisión, el cine, continuamente, nos bombardean con un ideal sexual que sólo concibe fogosidad en los primeros contactos.
¿Es posible una relación sexual satisfactoria, después de haber pasado la etapa del deseo arrebatado y el apasionado enamoramiento? Rotundamente, sí. Aunque nadie dice que sea fácil.

ROMPER CON LA RUTINA

Lo dicho: no es misión imposible. Haber llegado a ese punto en el que todo es predecible no significa que la pareja esté muerta. Además, puedes estar muy enamorado, pero también muy aburrido. Te sugerimos unas cuantas fórmulas para recuperar la chispa perdida.

* Hablar más: Para que se dé una comunicación sexual plena, el diálogo dentro de la pareja es una pieza esencial. Y no sólo se trata de hablar de la cama, sino que incluye trabajo, hijos, sentimientos, emociones… Mediante el diálogo conocemos y aprendemos del otro. Comunicar sentimientos a la pareja une, y es un excelente antídoto contra los prejuicios, miedos y traumas. Busquen un espacio sin interrupciones donde puedan expresarse sinceramente.

* Aceptar nuestros cuerpos: No nos engañemos: nuestro cuerpo no es el que era, ni responde tan rápidamente ante cualquier estímulo. Los medios de comunicación suelen establecer lo que es bello, y todo lo que se sale de este canon resulta feo. Por ejemplo, algunas mujeres después del parto echan de menos sus antiguas formas. Puede que esta percepción baje la autoestima y cueste trabajo aceptar estos cambios pensando que el otro ya no nos encuentra tan atractivos como antes.
Pero la capacidad de erotizar las distintas zonas del cuerpo está en nosotros. La belleza está en los ojos del que mira. Si realmente queremos al otro, aprendemos a adorar su cuerpo con las huellas de la edad. La juventud pasa, pero la sensualidad, la capacidad de seducir y excitar se puede seguir manteniendo. Sólo hace falta voluntad y deseo.

* Hacer experimentos: Dénse la oportunidad de experimentar nuevas sensaciones, siempre que ambos estén de acuerdo. ¿Por qué repetir siempre las mismas posiciones? Busquen novedades e introdúzcanlas en sus relaciones sexuales. Varíen la hora y el lugar en el que hacen el amor, acuerden encuentros furtivos, desnúdense lentamente

* Ponerle fantasía: Las fantasías sexuales ayudan a relajarse y aumentan la actividad psíquica y fisiológica de la respuesta sexual, contrarrestando el aburrimiento. Su condición de “inventadas” nos permite jugar con ellas y, como “excursiones virtuales”, ayudan a encontrar excitación, aventura, autoconfianza, placer… Son uno de los mejores afrodisíacos que se conocen: saludables, deseables y, además, divertidas. Además se relacionan con un aumento en la frecuencia de orgasmos.

* Buscar ayuda: Si la rutina se ha instalado en su vida de forma permanente y no hay manera de que desaparezca, quizás debieran consultar a un terapeuta, antes de que se convierta en un serio problema de pareja.

EL CEREBRO, PUNTO ERÓGENO

El principal órgano sexual es el cerebro, y la actividad psíquica que en él se desarrolla es el motor de nuestras emociones. Estimularlo en el preciso instante de mantener una relación sexual resulta fundamental, pero también hay que mimarlo día a día. ¿Cómo? Repitiendo las cosas que hacían al principio: notas de amor, apasionados besos, regalos imprevistos, caricias atrevidas, palabras calientes… Mantener el clima de afecto y seducción da trabajo, pero el resultado es muy gratificante. No dejes nunca de coquetear y de seducir, de amar y de querer, caldeando los apasionados reencuentros. Dedica algo de tiempo en pensar seriamente qué puedes hacer tú para alimentar la llama de tu relación: investigar nuevas posturas, acceder a un deseo, compartir una fantasía sexual.

CRECE SEXUALMENTE

Crecer sexualmente implica crecer como persona. El deseo de superación mitiga cualquier atisbo de monotonía.
Que nuestra sexualidad florezca es un proceso de desarrollo tan válido como cualquier otro, e implica informarse sobre el tema, hablarlo, acudir a un terapeuta sexual…
El autoconocimiento siempre es enriquecedor, pero no es camino sencillo. Te encontrarás obstáculos: sentimientos de culpa, temores… Pero después la monotonía habrá desaparecido y estarás mucho mejor contigo mismo y con tu pareja. Habrás descubierto quién eres como persona. No tengas reparos en desnudar tu alma y tu cuerpo para conseguirlo:

* Haz limpieza: Repasa tus creencias sexuales y destierra los pensamientos que entorpecen tu disfrute y tu crecimiento sexual. Los tabúes, los miedos y las represiones no son buenos compañeros.

* Comparte: Nunca es tarde ni se es demasiado mayor para compartir con tu pareja aquello que es exclusivamente “tuyo”. Evitarás la apatía y estimularás la excitación.

DECÁLOGO PARA NO CAER EN LA MONOTONÍA

* Visiten un sex shop y llévense algún juguete. Un toque de picardía les irá bien.

* Jueguen más a menudo. Hagan cosas infantiles. Vístanse con ropas distintas, recreen personajes…

* Piensen en la relación sexual como algo más que una penetración de 10 minutos: Alarguen los preliminares hasta que se deseen tanto que no puedan soportarlo.

* Utilicen la boca. Besen todo el cuerpo, mordisqueen, laman…

* Utilicen afrodisíacos verbales. O sea, palabras picantes que hagan subir la temperatura. Culturalmente los hombres están acostumbrados a palabras fuertes que pueden resultar incómodas para alguna mujer. Si es tu caso, usen frases más románticas, piropos y halagos: un lenguaje común excitante para ambos.

* Dense masajes mutuos y exploren lentamente sus cuerpos. Háganlo con suavidad, observando sus reacciones.

* Bailen desnudos, báñense juntos o autoestimúlense uno frente al otro.

* Disfruten sin recato. Expresen abiertamente lo que sienten en el momento de la intimidad sexual. Los sonidos del amor, susurros, jadeos, aumentan la excitación.

* Creen ambiente. Utilicen luz de velas, aromaterapia, música, espejos, ropa sexy…

No dejen pasar la ocasión de acariciar, besar y tocar aunque no haya relación sexual.

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