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UNA OPCIÓN EN CLIMATERIO.
Dentro del campo de la salud reproductiva, la infertilidad implica una deficiencia que no compromete la integridad física del individuo ni amenaza su vida. Sin embargo, dicha carencia puede tener un impacto negativo sobre el desarrollo del individuo, al producir frustración y debilitar la personalidad, ya que la mayoría de las parejas consideran tener hijos como un objetivo de vida.

El estudio de la pareja infértil siempre se ha enfocado considerando diferentes factores: el ovulatorio, el útero-tubárico-peritoneal, el de migración del semen y el masculino. Casi la mitad de todas las parejas infértiles muestran una combinación de factores y un porcentaje de ellas no presentan algún trastorno objetivo que lleve a un diagnóstico definido.

Durante las últimas dos décadas se registraron tres cambios importantes en el enfoque de la infertilidad. En primer lugar, la introducción de las tecnologías de reproducción asistida brinda una oportunidad de estudiar los procesos reproductivos básicos. En segundo, los cambios en la población como el aumento en la proporción de mujeres mayores de 35 años de edad que buscan el embarazo. En tercero, el desarrollo de la biología molecular y de la genética, se han hecho muy importantes para el estudio, diagnóstico y evaluación de las parejas, muchas de ellas consideradas hasta ahora como “parejas infértiles sin explicación”.

La edad de la mujer es uno de los factores más importantes al evaluar una pareja con problemas de fertilidad. El deseo de quedar embarazada a los 40 años de edad no sólo implica una baja posibilidad de éxito, sino además un aumento del riesgo en anomalías cromosómicas fetales y pérdidas del embarazo. La posibilidad de un embarazo a los 40 años de edad está reducida a la mitad comparada con la de las mujeres más jóvenes, mientras que la incidencia de abortos espontáneos se duplica o triplica.

Cuando los problemas de la pareja no se solucionan por las vías del tratamiento médico o quirúrgico, se recurre a la reproducción asistida. Así se denomina genéricamente al conjunto de procedimientos en los que es fundamental la colaboración de un laboratorio de biología de la reproducción muy especializado, donde los óvulos, espermatozoides o ambos son tratados para mejorar su capacidad fecundante y los embriones obtenidos, cultivados para mejorar su capacidad de implantación.

La fecundación in vitro (FIV) es la unión del óvulo con el espermatozoide en el laboratorio, con el fin de obtener un número apto de embriones disponibles para transferir al útero materno, alternativa válida cuando han fallado tratamientos previos, como la inseminación artificial y necesaria en casos de factor masculino grave y factor tubárico (trompas de Falopio obstruidas), entre otros.

La donación de óvulos hace posible el milagro de la vida en mujeres que de otra manera no podrían tener hijos. Una mujer joven y sana decide donar sus óvulos en las clínicas de reproducción asistida para que otras mujeres o parejas que tienen problemas de fertilidad femenina puedan utilizarlos. Es una buena solución.

Según los resultados obtenidos mediante la donación de óvulos, el principal efecto que tiene la edad sobre la capacidad reproductiva de las mujeres está casi determinado exclusivamente por la edad del óvulo, dado que la posibilidad del embarazo depende más de la edad de la donante que de quién lo recibe.

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